EL SALMO DEL EGO
El ego me dedica una oración,
y yo voy a escuchar su letanía,
ya que es suya, y no mía,
porque no me salió del corazón,
y debo darle honor a su autoría.
El ego, en su plegaria, dice así:
¿Por qué me das poder, oh crïatura?
¿Qué soy yo, el ego, una ilusión oscura?
¿Por qué te vienes a acordar de mí?
Y aunque es claro que yerras,
¡qué admirable es tu nombre,
hombre,
en todas las guerras!
¡Y qué admirables son tus creaciones,
que, igual que yo, son meras ilusiones!
Jesús María Bustelo Acevedo
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